El Lobo de Wall Street se basa en la novela del mismo nombre escrita por su protagonista, Jordan Belfort. En 1987 llegó al mundo de las finanzas y en sólo un año se hizo con el control de Stratton Oakmont, una de las agencias de corredores más importantes del mundo. Belfort presumía de ganar 50 millones de dólares al año, y era verdad. Esta agencia operaba como “boiler room” vendiendo bonos basura bajo todo tipo de técnicas injustas, deshonestas y fraudulentas.

El Lobo de Wall Street ha sido una de las películas más comentadas este año e incluso es un tema recurrente en las Escuelas de Negocios bajo titulares como “Lecciones de Marketing y Negocios de El Lobo de Wall Street”, “Lecciones de Liderazgo” ó “Técnicas de Venta”. La frase de su protagonista, “tenemos que ser terroristas al teléfono” ha sido una de las más comentadas en muchos post. Spencer Ogden, una empresa londinense especialista en compra-venta de energía, alquiló un cine para que sus 150 empleados disfrutasen de la película, pues era un gran ejemplo de lo que un buen vendedor debería ser.

Todos estos ejemplos argumentan que sus análisis se basan en el punto de vista puro de las ventas, sin tener en cuenta la falta de ética y el fraude o la ambición de dinero fácil de Jordan Belfort.

Tras ver la película, y reconozco que me ha gustado, especialmente por su carácter autobiográfico, me planteo algunas reflexiones:

¿No resulta sorprendente que hayamos tenido que esperar a ver El Lobo de Wall Street para que se despierte en muchos la pasión por los negocios y las ganas de hacer realidad la idea millonaria que todos tenemos en mente?

Y, si la pasión en las ventas se centra sólo en atraer y vender, ¿cómo conseguimos satisfacer y fidelizar a nuestros clientes?

La conclusión que me llevo de El Lobo de Wall Street es que no podemos olvidarnos del cliente. El Foco en el Cliente es lo primero. Un claro ejemplo es Ryanair. Michael O´Leary acaba de reconocer públicamente sus errores y anunciar el cambio de estrategia comercial de la compañía, en el que el Cliente “es lo primero”.

El último estudio del Reputation Institute, tras realizar entrevistas en 15 países, destaca que la admiración, confianza, buena impresión y estima son los atributos que valoran los clientes en una empresa con buena reputación corporativa. (Expansión, 9 abril 2014)

¿Y cuál es el final del Lobo? Su caída fue tan rápida como su ascenso. En 1998 fue imputado por estafa y blanqueo de dinero. Le condenaron a 22 meses de prisión y a devolver 100 millones de dólares a los accionistas a los que había estafado. “El Lobo” pidió perdón públicamente y se dedicó a dar conferencias y escribir dos libros donde cuenta su auge y su caída.

La redención del Lobo es la gran lección: si queremos el éxito sostenible tenemos que contar con el Cliente.

Ana Fernández
Gerente

 

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Foto: Cartel «El Lobo de Wall Street», 2014.