Te propongo un ejercicio:

Piensa en la Navidad del año pasado y responde muy rápidamente a estas preguntas:

  1. ¿Con quién la pasaste?
  2. ¿Dónde?
  3. ¿Qué emociones te produce ese recuerdo?
  4. ¿Qué regalos recibiste?

Una vez hechas estas reflexiones, analiza:

¿Qué respuesta ha sido la más difícil de recordar?

Si has sido capaz de responder rápidamente a las tres primeras preguntas y no así a la cuarta, es porque posiblemente lo que más valoras son tus experiencias, no las cosas materiales.

En un estudio, el Journal of Positive Psychology demostró la importancia de invertir en experiencias frente a limitarnos al consumo compulsivo de objetos. Esta investigación evidenciaba que las personas que invierten grandes cantidades de dinero en objetos materiales devalúan el valor de estos a las pocas semanas. En cambio, no ocurre lo mismo con las personas que invierten en experiencias, cuyo recuerdo perdura en el tiempo.

Te hace más feliz o más triste lo que vives que lo que posees

Esto es lo que seguro que te ha ocurrido con el ejercicio que acabamos de hacer. Recuerdas mejor las emociones que te produce pensar en una experiencia que los regalos que recibiste. Te hace más feliz o más triste lo que vives que lo que posees. Así que, ¿no deberíamos invertir más esfuerzos en que nuestras experiencias siempre sean positivas?

El valor de la experiencia es ancestral. Las civilizaciones así lo han reconocido, a lo largo de la historia, haciendo líder al más anciano por ser quien más vivencias tiene y quien más sabiduría puede aportar al grupo.

En una empresa también deberíamos tener en cuenta estas reflexiones. Las sociedades occidentales actuales tienden a buscar la novedad constantemente. Todo tiene que ser inmediato y estar a la última; todo tiene que ser aquí y ahora. La cultura del fast food es muy influyente. Pero así como una empresa tiene la obligación de innovar y reciclarse, no puede olvidar que los profesionales con experiencia son una fuente importante de conocimiento para los innovadores.

Nuestra innovación tiene que ir siempre de la mano con el deseo de que nuestro cliente tenga una experiencia satisfactoria

Si seguimos hablando de la importancia de la experiencia en el terreno empresarial, nos encontramos con otro aspecto importantísimo: la experiencia del cliente. Nuestra innovación tiene que ir siempre de la mano con el deseo de que nuestro cliente tenga una experiencia satisfactoria. De esta manera, puede que lo que le ofrezcamos sea material y en un mes ni lo recuerde. Pero es fundamental que si volviera a tener que comprar ese objeto, nos lo compre a nosotros.