La situación actual de incertidumbre y fatiga pandémica nos está impidiendo ver más allá y plantearnos qué vendrá después del coronavirus.

Estamos poniendo todo nuestro empeño en sacarle partido al mundo virtual para tratar de suplir las carencias presenciales, pero aún no hemos empezado a planear cómo será el futuro cuando la pandemia sea cosa del pasado. Y ya no faltan tantos meses. O nos apresuramos o perderemos una oportunidad de oro para repensar nuestras pautas de trabajo.

En este artículo quiero centrarme en un aspecto muy concreto que debe cambiar en la era poscovid: la formación. Te contaré qué nuevos retos tendremos que afrontar para sacarle el máximo partido.

Nuevas necesidades de los alumnos: cómo combinar la formación presencial y virtual

Con la pandemia, nos hemos volcado de lleno en trasladar los contenidos que dábamos en presencial al mundo virtual. Y hemos visto que no era tan difícil. De hecho, toda la teoría de un curso es perfectamente paquetizable: el discurso que antes nos impartían desde una sala, ahora lo podemos escuchar tranquilamente en nuestra casa.

Lo que nos van a pedir los alumnos en cuanto se pueda, lo que estamos todos deseando, es vernos, estar juntos. No querrán ir a la formación presencial a adquirir conocimientos puramente teóricos. Para la teoría seguiremos contando con las herramientas virtuales, que ya hemos comprobado que funcionan estupendamente y nos son de gran utilidad.

La clave estará en combinar la presencialidad y la virtualidad según convenga. Los contenidos más generales los podemos dar en píldoras virtuales previas a la reunión presencial, de manera que los asistentes acudan a la formación con la teoría ya aprendida.

De este modo, se podrán reservar las reuniones presenciales para realizar talleres específicos o centrarnos en las particularidades del grupo al que estamos formando. Con esta hibridación, reunimos lo mejor de ambas fórmulas.

Nuevos formatos: la formación experiencial integrada

Bajo este nuevo prisma, la nueva formación presencial requerirá, por lo tanto, de nuevos formatos. Ya no nos sirve la típica aula o sala de reuniones, ni tampoco las tradicionales diapositivas a modo de soporte a la explicación.

Seamos creativos con los lugares de reunión, del mismo modo que lo tenemos que ser con las actividades que realizaremos. Lo que necesitamos es crear experiencias, momentos. Es pasárnoslo bien aprendiendo, motivar al grupo para que conecte con nosotros y asimile lo que les estemos enseñando. El camino a seguir pasa por crear una nueva formación experiencial integrada.

Si hemos impartido los contenidos previamente en virtual, podemos aprovechar los talleres presenciales para dejar volar nuestra imaginación y ser creativos. Entrevistas, foros, workcafés… Lo que consideremos que nuestro grupo necesita para seguir motivado. Se trata de combinar experiencias diversas para que una formación sea mucho más vivencial y para conseguir dar valor al curso que estamos impartiendo.

La evolución del rol y las habilidades del formador

En este punto del artículo, ya te habrás dado cuenta de que el rol del formador, por fuerza, tiene que cambiar, así como sus habilidades. Deberá ser, más que un profesor al uso, un dinamizador, un facilitador que sepa conectar con el grupo, empatizar con él.

Tendrá que desenvolverse bien ante la cámara, para poder ofrecer y paquetizar los contenidos en virtual, y ser un excelente dinamizador de grupos en las sesiones presenciales.

Entre las habilidades principales de este nuevo formador destacan la flexibilidad y adaptabilidad a todo tipo de medios y situaciones, pero, sobre todo, la generosidad y la humildad.

El rol tradicional del formador es un ejemplo muy claro del concepto de violencia simbólica, del sociólogo francés Pierre Bourdieu, que se suele usar para referirnos a relaciones asimétricas, en las que uno tiene el poder y domina la situación y los demás, inconscientemente, están sometidos. En el rol tradicional, el formador se sitúa por encima de sus alumnos: los demás lo escuchan y atienden en silencio.

En cambio, en este nuevo rol, el formador pasa a ser uno más: escucha y atiende a sus alumnos y se sitúa en medio del grupo, no delante. En estas nuevas formaciones presenciales todos estamos al mismo nivel y todas las aportaciones son igual de importantes.

Es natural que aparezcan los miedos en el formador tradicional, que ve cómo su mundo se tambalea. Ahora toca ser creativo, buscar nuevas soluciones, dejar de lado nuestro ego. Y para muchos será un cambio difícil de afrontar.

Formación de formadores

Por este motivo, en Barna Consulting Group ya estamos trabajando en una nueva formación de formadores, con el objetivo de proporcionar las herramientas que el horizonte poscovid requiere.

El nuevo formador debe aprender a comunicar de manera excelente en pequeñas píldoras virtuales y, además, poseer las habilidades para dinamizar las actividades presenciales y ser capaz de motivar al grupo.

Es el momento de reinventarnos. Tenemos la oportunidad de darle la vuelta a esta situación que nos ha tocado vivir, de aprovechar lo mejor de ambos mundos. En lo virtual, potenciemos la teoría y el aprendizaje individual. En lo presencial, favorezcamos la convivencia y la experiencia grupal.

Si combinamos ambos formatos adecuadamente, habremos encontrado una fórmula redonda de compartir, comunicar, aprender y motivar. Te recomiendo que empieces a explorar las posibilidades que se te abrirán si sigues este nuevo rumbo: las nuevas formaciones presenciales están a la vuelta de la esquina y aún queda mucho camino por recorrer.