Hace poco compartí en mi perfil de LinkedIn una publicación sobre un proyecto personal de mi mujer: Casa Filomena; la idea era ayudar humildemente y en la medida que pudiera a darlo a conocer, mostrando a la vez el valor de la propuesta y el valor emocional que despertaba en mí el proyecto.

Fue una grata sorpresa observar como una publicación sencilla, sin más pretensión que la de aportar mi granito de arena al proyecto, alcanzaba, de la nada, 11.000 visualizaciones y, además, era capaz de incentivar 318 reacciones (entre comentarios y recomendaciones).

Sin duda, se trata de una muestra más de cómo las personas tenemos un increíble potencial para visibilizar nuestras acciones. Y esto, trasladado al entorno profesional, nos da una muestra de hasta qué punto son importantes a la hora de amplificar la voz de las organizaciones, incidir en su reputación, incrementar la confianza y, sí, vender más.

Es curioso ver cómo, ahora que ya llevamos tantos años con el discurso adquirido de que la comunicación entre empresas y clientes debe ser bidireccional, las personas preferimos, tal vez más que nunca, hablar con personas. Leía hace poco que las empresas ya no son B2B o B2C, han pasado a ser H2H (humano a humano)…

De ahí que hoy en día adquieran tanta relevancia conceptos como “Social Selling”, “marca personal” o “embajador de marca”. Al final, todos ellos se basan en la idea de que las personas son cada vez más importantes para visibilizar a las marcas y convertirse en pequeños (o grandes) altavoces de las organizaciones.

Sabemos, por ejemplo, la enorme importancia que tienen para la hostelería las reseñas en Google o Trip Advisor, cuya incidencia en la toma de decisiones de los usuarios puede llegar a ser enorme a la hora de decantarse por un establecimiento o por el de la competencia.

Lo mismo pasa con los trabajadores de una empresa B2B, los clientes muchas veces prefieren hablar con los miembros del equipo que con marcas desprovistas de nombre y apellidos. Y eso hace que cada vez sea más importante para las marcas que sus trabajadores, especialmente sus directivos, potencien sus marcas personales en internet.

El resultado es una extensión de la voz de la marca desde un ángulo más personal y con capacidad para generar un mayor grado de confianza. Entre otras cosas, porque no somos la marca, aunque estemos estrechamente relacionados con ella. Somos personas, con nuestras propias historias e ideas, y eso nos da un potencial enorme para generar un impacto considerable y despertar el interés de otros usuarios.