Todos queremos agradar. Es lógico. Deseamos que nuestras relaciones personales y laborales sean satisfactorias y que nuestros clientes estén contentos con el trato que reciben y los productos que les ofrecemos. Pero ¿qué ocurre cuando, en el intento de agradar a toda costa, dejamos de ser nosotros mismos?

En Occidente, muy pocas veces reflexionamos sobre el yo. Estamos demasiado ocupados como para pararnos un instante a pensar si somos coherentes con nuestros ideales y si nos sentimos bien con la imagen de nosotros que proyectamos al mundo.

En el siglo XXI, con el auge de internet, esta característica tan propia de nuestra sociedad se ha ido acrecentando. Los entornos virtuales propician esta tendencia: inconscientemente, a veces proyectamos una imagen en las redes que no concuerda con nuestra identidad real. Y nos vamos diluyendo cada vez más en el universo virtual, perdiéndonos a nosotros mismos por el camino.

¿Cuántas veces has pensado que algo que estabas leyendo o viendo en internet era totalmente falso? ¿Cuántas veces esto te ha provocado rechazo hacia la persona o la empresa que lo publicaba?

Te aseguro, en cambio, que la autenticidad es premiada, tanto en el mundo analógico como en el virtual: los consumidores empatizan más con un producto cuando sienten que la historia que hay detrás es auténtica.

Pero, con las dificultades que tenemos para ser uno mismo (o incluso, me atrevería a decir, para conocernos a nosotros mismos), ¿cómo podemos ser auténticos en internet?

Autenticidad en internet

Para empezar, debemos ser realistas: en el entorno virtual imperan unas leyes distintas. Por mucho que nos esforcemos por ser auténticos, hay algo fundamental de las relaciones humanas que se pierde en el mundo digital. No podemos establecer contacto visual con el otro, ni tocarlo, ni experimentar lo que nos está mostrando.

Una vez somos conscientes de estos impedimentos, solo nos queda tratar de ofrecer una imagen de nosotros mismos acorde con quienes somos en realidad. El filósofo existencialista danés Kierkegaard (1813-1855) ya nos advirtió de que la forma más profunda de desesperación es la de aquella persona que ha decidido ser alguien diferente.

Aunque cuando Kierkegaard escribió esta premisa la era digital todavía formaba parte de la ciencia ficción, esto se puede aplicar perfectamente al entorno virtual. Tal como apunta un estudio de las universidades Columbia y Northwestern, los usuarios que se expresan de forma más auténtica en la red experimentan un nivel mayor de bienestar y combaten mejor tanto la ansiedad como el estrés.

Así pues, os animo a ser honestos con vosotros mismos y con vuestros usuarios. Una buena imagen digital es un valor añadido a nuestra marca personal, igual que un currículum bien trabajado o una presentación adecuada ante un cliente.

La reputación digital nos define

Por supuesto, no debemos confundir ser auténticos con ser descuidados, maleducados o impertinentes, ni ampararnos en el anonimato y la toxicidad de las redes. Cuando hablo de autenticidad y honestidad, me refiero a mostrar nuestra personalidad y nuestros intereses reales (sin dejarnos llevar por las modas y tendencias).

Si compartimos con nuestros seguidores un artículo, que sea porque nos ha interesado y hemos aprendido de él, no para quedar bien. Además, compartir lo que nos apasiona de verdad nos permitirá ser más creativos, porque nos sentiremos libres para expandir nuestros propios horizontes y dejaremos de estar encajonados y delimitados por los prejuicios que nos hemos autoimpuesto.

Solo así, con contenidos reales (por ser los que a nosotros nos motivan) lograremos conectar con los usuarios y consolidar nuestra identidad digital. Y esto vale, como siempre, tanto para nuestra marca como para nosotros mismos.

Un estudio de la Universidad de Barcelona destaca que la identidad digital es una nueva habilidad fundamental. Y es que las nuevas generaciones ya no distinguen entre identidad real o virtual: ambas forman parte de uno mismo, por lo que las dos tienen que estar en consonancia y nos deben identificar por completo.

La actitud, esencial en las ventas digitales

Volvamos de nuevo al estudio de las universidades Columbia y Northwersten que demuestra que ser uno mismo en internet es beneficioso para la autoestima. Para construir una imagen digital coherente, que aporte valor añadido a nuestra marca personal o a nuestro negocio, debemos ser honestos, pero también aceptar nuestras pequeñas contradicciones.

Como ya explico en el capítulo “Tu huella personal”, de Vende más, vende mejor, la AMP (actitud mental positiva) es esencial para aprender, mejorar y seguir superándote a ti mismo. Puedes poseer excelentes habilidades y una gran formación y experiencia, pero si tu actitud es negativa, te resta como persona.

Y es que nuestro valor como individuos puede calcularse con esta simple fórmula: Conocimientos más Habilidades, multiplicado por Actitud. Por mucho que sepas y muy bueno que seas en tu trabajo, si no tienes una actitud positiva en la red y no te muestras a ti mismo, no lograrás transmitir un mensaje correcto a tus potenciales clientes, que no se ganarán tu confianza y comprarán en otro lugar.

Tal como advierte el conferenciante norteamericano Brian Tracy, el 85% de nuestro éxito depende de nuestra actitud. Así que, si quieres seguir creciendo, no descuides tu imagen digital: aborda los nuevos retos con honestidad y autenticidad y conserva siempre una actitud mental positiva.

¡A por ello!